Por la huachuma y el buen tabaco habla el curandero


                                                   Primer Acto

                                                   Primer Acto

Se ha dispuesto que todos entremos era comunión, sólo
consintiendo que no acaten los resuellos para que nuestra
presencia sea revisada desde el fondo, y se cumpla la gran ley que
descascara las emociones: lo exterior no interesa porque
las facciones se maquillan, todo depende de lo interior porque
ahí está el renacimiento.

De pronto nos damos cuenta que la noche ha avanzado,
una oscuridad cerrada recae en la complicidad, lo que se llama
”Mesa” está tendida en el suelo: las artes, los perfumes y las fores,
las conchas llamadas ‘Toros” para levantar al decaído;
y la Huachuma en la olla lista para beberla.

Un ejército de luciérnagas se aproxima y el maestro con
la vara de membrillo azota en el aire cualquier intromisión.
Voy deeayendo con un cansancio acelerado (después de tomar
la yerba con sorbos atragantados) – trago amargo porque así es la
vida en esencia – me dice mientras demuestro contínuos
escalofríos, y agrega haciendo salud por la vida y mi camino:
la felicidad depende cómo asimiles lo agridulce,
porque cada vino agrio o tropezón será la medida
exacta de tus proyecciones.
Y con esto desterré lo que sentí lejos de los míos,
cuando fui atacado por ausencias y mal tratos,
sintiéndome un Don nadie a indefenso al verme solo.

Noto a mis acompañantes torcidos en el sueño,
pero yo trato de poner resistencia al decaimiento de mi
cuerpo que me vence en el suelo, resulta que después
estoy borracho iniciando proyecciones oníricas que me sacan
del presente.

Nos despierta – luego de un tiempo no registrado en que
el reloj dio la espalda al no acordarme más de mí –
golpeándonos con la Espada de Acero, y en seguida se frota
las manos y levanta las Conchas de la Suerte con mucha reverencia,
y mis oídos se sorprenden con oraciones que no entiendo:

“Jararariar, jay, jayja, murray,
catún maray, ja pu, ra, mari…
Marai huaca, puca, tan ya, paraica.
Ya pu ra mari…”

Palabras sagradas, preferible no arriesgar en traducirlas.
“Parece con la agilidad de un venado”, me dice señalándome
con el bastón que le sacó de un costado; `boy a introducirme
en lo alma, captar lo ánima dormida, quizá se encuentre
despierta y salga conmigo a florecer, arrojó
esto mirando la inmensidad, haciendo los Pagos, con utensilios
preferidos o dejados por herencia.

Mi cuerpo se aflojaba del letargo y la pesadez con las
limpias y los Florecimientos, me despejaban; y me explicó que
al esqueleto hay que dejarlo reposar junto al espíritu en las
horas indicadas de descanso, porque esto obligará a elegir la mejor
orientación cuando se reorganice la lucidez.

Continuaba diciéndome que así lo hacían los maestros
antepasados y que sólo las yerbas se lo han revelado, tantos
secretos descansan y nunca se les ha llamado el ánima
porque no han sabido cómo hacerlo.

El Maestro hablaba con delirios incontrolables mientras
los rituales habían cesado, invocó a las alturas para que el
espectro se esclarezca, y el cielo ha preferido entregarnos
algunas estrellas que simbolizan el buen augurio a nuestra
existencia, y agrega que muchas veces el destino depende
de los astros, y sus ojos le brillaban como un toro en celo, a insiste
que por la Huachuma y el buen tabaco habla su boca,
y que sus palabras las ordenan los espíritus ancestrales con
magia alucinante, y así el poder viene de lejos y no por él.

Comienzas a barajar unos objetos de acero, y plantea que
si hoy los campos estuvieran f oreciendo fabuloso habría sido
el arreglo y la buena orientación, porque las estaciones también
cambian los trajes al paisaje, y el buen ambiente emana
de ellos. Y recomienda que mayo es el mes apropiado a indicado,
con sus perfumes que se impregnan y florecen los jardines.

                                                                  Segundo Acto

Muchas veces tenía que desconfiar de los maestros:
(diestros con oráculos antiguos), para dar paso
a las técnicas de última resonancia
por eso he ofendido al desconfiar de los viejos ritos.
Entonces que los dioses me perdonen mis caprichos,
y esa reprochable inestabilidad que me visita;
soy partido por la idea de saber que he perdido.

Las horas están que hierven en la hoguera
de estos años que nos han significado tanto abandono
(a lo nuestro), al alivio de los cuerpos en los montes.
Sagradas lagunas de nuestros antepasados
que con las yerbas supieron integrar y armonizar,
también bajo el lema:
                        que lo alimento sea lo propia medicina;
paciencia, denme, aguas vivas, límpidas y puras
ahora que mis emociones se escabullen
por misteriosos laberintos de mi existencia.
Siento este galope y los aires que lo soplan los costados
como lo han revelado en mis noches refiriéndose a mí:
despierta si estás dormido que dormido no estás,
así me han dicho y yo devuelvo esa advertencia.

Tanto tiempo anunciaron mi advenimiento
y prefirieron enmudecer (rascarse la memoria),
para ver si me encontraban engreído,
será que hoy no voy a robarles el cariño.

Como todo buen patriota prefiero el alimento de mi tierra,
y no es que esconda mis facciones ni mucho menos mi lenguaje,
y estas noches son los ríos que van surcando las épocas
donde poblaciones enteras prefieren guardar sus defectos
creyendo que son ofensivos y difícil de sacarlos a relucir.

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