Haiku: el camino de la sensibilidad

 

El período Heian (794-1192) es un hito en la historia de la cultura japonesa. En él cobrarán vida valores y conceptos especialísimos, que se convertirán en aspectos esenciales del arte japonés. Uno de ellos es el que se designa con la palabra aware. Este término, que más que un vocablo es un concepto, tiene un significado complejo, y podría ser traducido como sensibilidad y más precisamente como sensibilidad ante lo efímero de las cosas, esto es, su impermanencia. Pero nostalgia podría ser el sentimiento que mejor describe el más profundo significado de aware. Nostalgia por lo que aparece, despliega su belleza y se va… Las nubes dibujando formas en el cielo y desapareciendo, la hydrangea que florece para luego declinar, la amada que parte, en fin: la vida misma breve e inasible, todo evoca en los poetas del Heian la tristeza de lo que escapa al Ser…
También en este período la primera corriente verdaderamente japonesa del Budismo emerge: el Shingon, que gira alrededor de las enseñanzas de Kukai (774-835), teniendo su centro en el Monasterio del Monte Koya. Para Kukai, aquello que tiene Belleza puede revelar la verdad del Buddha. Sobre este supuesto estimuló el desarrollo de la expresión artística, como la pintura, la música y el gesto. Las enseñanzas de Kukai tendrán una profunda influencia en la Corte, no solamente en el terreno de las artes visuales, sino también en la poesía y en la caligrafía, que se convirtieron en la “verdadera religión” como afirma Octavio Paz. Los valores estéticos y literarios fueron los predominantes, encontrando estos últimos sus antecedentes en el Manyôshû o Colección de las diez mil hojas, primera compilación de poemas japoneses realizada en el período anterior. A lo cual se agrega las obras clásicas propias del período Heian, escritas por dos damas de la Corte: las señoras Murasaki Shikibu y Sei Shonagon. Belleza y Verdad entonces eran las caras de una misma moneda. (1)(2)
Todas las corrientes nacidas en el Período Heian -también llamado período Clásico-, serán el hilo conductor que atravesarán el arte y la cultura japonesas a través de su historia, confiriéndole su particularidad, es decir, su esencia japonesa, que adquirirá su estatuto propio diferenciándose de las influencias extranjeras. Esta búsqueda de una esencia nacional dará lugar, en el Período Tokugawa (1603-1868), al surgimiento de un grupo de eruditos que se fijarán el objetivo de encontrar cuál es el carácter específico del pueblo japonés y el de su cultura. Uno de los estudiosos más destacados fue Motoori Norinaga (1730-1801), quien acuñó el concepto de mono-no-aware, que significa, en este contexto, sensitividad o sensibilidad por las cosas. Para Norinaga, lo que define el carácter japonés y su cultura es su peculiar modo de percibir la realidad y de relacionarse con ella. Y llega a la conclusión de que mono-no-aware es la habilidad de experimentar el mundo natural y el mundo de las “cosas” en forma directa, sin intermediación alguna. Esto es lo que posibilita a los japoneses entender el mundo exterior y sus objetos identificándose directamente con ellos, en una suerte de empatía directa, que los lleva a una comprensión de la esencia de la realidad. (1)
Pero también el poeta mejicano Octavio Paz hizo una contribución decisiva a la comprensión de este tema. Porque para él la esencia de la estética japonesa -que define fundamentalmente como una sensibilidad-, se puede encontrar en el núcleo de la palabra kokoro, que Paz traduce como corazón. Sin embargo, el erudito afirma que esta no es una traducción adecuada del término, y llega a la conclusión de que kokoro representa un estado intermedio entre el pensamiento y el mundo de los sentidos. Y agrega que, además de esto, el arte japonés tiene su eje en la indeterminación, cuyo fin es mostrar la precariedad de la vida. Y ésta es la misma estética que también da un carácter especial al mismo en lo que siempre tiene de inacabado, lo que expresa la conciencia de la fragilidad de la vida misma… (3)
Aware, mono-no-aware, kokoro, tres aspectos fundamentales del carácter, cultura y estética japoneses. Fuerzas mayores que se mezclan para formar un todo en sus creaciones artísticas, sea un haiga, un ukiyo-e, un haiku. Porque el haiku no es sólo un representante aislado de estas características del arte japonés. Haiku es más que un patrón de sílabas, que un kigo, que una experiencia aquí y ahora. Haiku, en su esencia más profunda, es el camino de la sensibilidad…





(1) Octavio Paz: Tres Momentos de la Literatura Japonesa

(2) Dr.Richard Hooker: Período Heian

(3) Octavio Paz y Eikichi Hayashiya: Matsuo Basho: Sendas de Oku, Breve Biblioteca de Respuesta Barral Editores (Barcelona, 1970)

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